lunes, 15 de abril de 2013

VALLE DE BELÉN. EL CORAZÓN DE LA SIERRA

   Quizás esta ruta nos haga llegar a uno de los parajes más escondidos y excepcionales de toda la Sierra de Francia. La encajonada localización del Valle de Belén mantuvo este lugar a salvo del devastador incendio forestal que asoló el término en 1986, impresiona descubrir entre pinares de repoblación, esta verde mancha de vegetación que rodea el arroyo que lleva sus aguas a Herguijuela.


   Podemos hacer esta ruta lineal, saliendo del Portillejo a los pies del gran eucalipto, sube la pista que va a las canales, tomaremos a su vez el primer cruce a la izquierda (a escasos 80 metros de) a la izquierda y esta pista será la que utilicemos a su vez para el regreso.

   También podemos hacer la ruta circular, tomando esta pista como camino de ida y siguiendo desde el convento de Belén  al Puerto, regresando por el camino antiguo de Caminomorisco a la carretera de  Rebollosa y por esta a Herguijuela.




   Este camino nos lleva al tiempo en que los hurdános  llegaban a la sierra. Camino irregular, empedrado, que fue, tiempo atrás, la ruta utilizada por reatas de mulos y burros, que Domingo tras Domingo, guiados por un hurdano de edad y muchos críos y mujeres, llegaban desde Riomalo de Arriba, El Cabezo, Caminomorisco, Mestas, El Rubiaco entre otros pueblos, en busca  de vino principalmente, que llevaban en “ pellejos “(bolsa de piel de  cabra curtida y de capacidad, según fuera el animal, pero siempre mas de un cántaro,  16 litros), tocino amarillo, y poco mas. Alguno subía el aceite, que cambiaba por  el vino.

   Este camino era la entrada natural a la sierra desde las Hurdes, y a la vez era utilizado por algún que otro portugués, las alpargatas colgadas de la cintura, que ya serían calzadas a la llegada al pueblo y con su carga de unos kilos de café, unas piedras de mechero, los pañuelos para la cabeza de las mujeres o el típico pañuelo portugués, todo atado en un hatillo, estilo maletilla, caminaban desde el país vecino para comerciar sus productos. En su equipaje nunca faltaba una pregunta, esa pregunta que repetían cada vez que se cruzaban con alguien en el camino, el salva conducto desde Portugal por las sierras de Gata, las Hurdes, Sierra de Francia, sabe Dios donde. ¿Has visto a la Guardia civil?

   Salimos de la plaza del pueblo, donde  el camino se cruza  con el Arroyo de la Carrera, tenemos los lavaderos, (Las Pozas) recuerdo mudo de ese trabajo que no reporta beneficio, que no da categoría a quienes lo realizaron, trabajo sucio y necesario, hecho por un colectivo al que rindo homenaje, por su entrega, por su dedicación, por su silencio a lo largo de los tiempos. Recuerdo para tantas y tantas mujeres que dejaron sus ratos de ocio lavando, tendiendo, rociando aclarando al sol y al frío de todos los lavaderos.

  Mas adelante, otro pequeño arroyo, la Ro Mozo (Arroyo Mozo) y San Sebastián. Es este un paraje abierto por el sur, dando vista al río Alagón  y en el que parece ser hubo una ermita por el 1600 en la que la Cofradía celebraba San Sebastián. El asentamiento de dicha ermita no está claro, por lo que únicamente lo recordamos y transmitimos como curiosidad. De San Sebastián la pista nos llega al pie de dos inmensos eucaliptos, estamos en el paraje del Portillejo.


   Desde el Portillejo, tenemos varias opciones según nuestro animo. Una es tomar la pista unos metros antes de llegar al Portillejo a la derecha, sube muy pendiente y en el primer cruce, ochenta metros mas arriba, tomamos la pista que sale a nuestra izquierda, que s la pista que viene desde el paraje del Molinorío y nos conduce al Haya o a la Alberca entre otros sítios. Desde este punto va la pista llana, con una suave ascensión desde su cruce con el arroyo llamado de las Esposadas hasta el final de la misma (será la que tomaremos)

   Otra opción es tomar el camino que sale en el centro de las dos pistas de la derecha, nada mas pasar el Portillejo, la asfaltada y la del centro. Tendremos que andar muy atentos, el camino sale a la derecha de los olivos, baja al arroyo y sube a cruzarse con la pista asfaltada, por lo que también  podemos ir hasta el cruce con el camino. Está pasado el arroyo, (a la derecha de la pista  hay una piscina natural) unos cien metros. Subiremos por una rodera  a llegar a la pista de tierra que conduce a Rebollosa y de la que ya hablamos y sin más al final de ella hasta el arroyo por su parte baja.

Tomamos laa primera de las opciones, la que aconsejamos por su simplicidad y accesibilidad. Saliendo del Portillejo ascendemos por la ya indicada pista y tomamos el primer cruce a la izquierda. Pasamos el arroyo de las Esposadas, observamos los riscos de la Olconera (Halconera) la Sierra del Castillo, el cañón del arroyo del Cabril y nos encontramos en una pista que discurre entre pinares como vegetación dominante. En el estrato arbustivo los clásicos jarales y brezales, madroños, torviscos, olivillos, vegetación típica mediterránea. No llega el camino a 1 km y medio, muy suave y accesible, al final de la pista encontramos una zona más ancha, con un gran cartel que refleja la localización en este paraje de las ruinas del Convento de los Basilios, nos encontramos en el punto de entrada al Valle.

 
   Podemos observar desde este improvisado mirador la plenitud del valle. Descenderemos unos metros por un camino hasta meternos de lleno en el arroyo. Cruzamos el arroyo o brincando por las piedras si nos lo permite el cauce o aprovechando un puente de madera nuevo.  
Una vez al pie del arroyo, tomamos el camino empedrado que serpentea al lado del arroyo, veremos rastros de las tuberías del abastecimiento de agua de Herguijuela. Sin dejar esos rastros ascendemos entre acebos, a veces con mucha dificultad sobre todo al llegar a un trozo muy empinado de piedras cogidas con cemento. Nada mas pasar esta dificultad, hay un pequeño llano, nos paramos debajo de nuestros pies el arroyo, a la izquierda según subimos podemos localizar un risco que, popularmente, llamamos el Balcón de Pilatos, y al cual subiremos en el regreso. Según la época, podemos ver los acebos con bolas rojas, es su fruto. Por debajo del Balcón de Pilatos, a su sombra,  se encuentra un acebo que para mí es el rey. El acebo, que más fruto da en el término. Año tras año, he podido contemplar como el rojo de su fruto supera el verde de las hojas. 

   Seguimos despacio, pasamos bajo un pequeño túnel de encinas, durillos, madroños, ascendemos una angosta y difícil escalera de piedras que seguramente nos haga perder un poco el resuello y ano pocos sufrir un poco de vértigo y llegamos a la presa. De aquí se toma el agua de abastecimiento del pueblo.  En este punto aparecen algunos ejemplares de Tejos entre la vegetación, de niño recuerdo que siempre que se subía hasta Belén se bajaba una ramita de tejo para demostrar dónde habías estado.

   
Desde aquí caben dos posibles caminos para llegar a nuestra siguiente parada, el Balcón de Pilatos. La opción sencilla sería desandar nuestros pasos, regresar al primer cruce de caminos, abajo del arroyo y tomar el camino del convento, que nos llevará hasta el risco que hace de mirador de todo el valle.

   La opción más complicada y agreste, pasa por saltar la pequeña presa y comenzar a remontar el arroyo entre las piedras, con cuidado de dónde colocamos los pies para no resbalar. Esta opción sin ser adecuada para todos los caminantes, es la que nos va a aportar sensaciones más auténticas. Ya metidos en pleno arroyo, subiendo con cuidado entre las piedras, pocos metros mas arriba, se encuentra la junta de los arroyos y  junto a esta hay una pared circular, que soporta la tierra dejando un pedazo de tierra llana, donde algunos asientan sus tiendas, pues parece que esta hecho a propósito para tal fin.

   Ese pequeño llano,  conocido como la carbonera por los viejos, es otro símbolo de nuestra historia, de la historia de Salamanca. Decía la canción. “Salamanca la blanca, ¿quien te mantiene? Cuatro carboneritos, que van y vienen” Aquí se hacia el carbón con cepas de brezo. (Raíz de brezo) Era la forma de juntar unos reales, para salir adelante. Se arrancaban las cepas, se arrastraban hasta la hoya, que era donde se quemaban, se apilaban haciendo una pirámide en el centro de esa meseta que hemos visto junto al arroyo. Tenía que haber las suficientes, para que una vez quemadas, el carbón recogido superara o al menos fuera igual a la carga del mulo. (Tres sacos, a veces dos sacos y una collera, que decían los viejos.)


   Estamos a los pies del Riscal de la junta de los arroyos. A la derecha sale el arroyo de la  “majá” o majada del Tío “Ustasio”. Si tomamos este arroyo, tendremos varios saltos de agua de tres a cuatro metros, que durante el invierno y primavera, si las lluvias acompañan, muestran unas colas de caballo bonitas para ver. El curioso nombre de la majada, parece que se debe a que un vecino de Herguijuela de nombre Eustásio tenía por allí sus cabras. Este arroyo no tiene salida por arriba, por lo que tendremos que bajar por el mismo sitio, o bien pasarnos al canchal de la junta y de allí al canchal  de las colmenas, ya en el otro arroyo.

De esta sale una vereda elevándose por la falda, no sin dificultad, pues hay muchas piedras sueltas, nos  llevara al Balcón de Pilatos. Vereda actualmente casi indescifrable, prácticamente perdida, sin embargo si vamos buscando las zonas más claras y despejadas de vegetación, llegaremos con facilidad y sin percances al risco que sirve de mirador para todo el valle.

   El Balcón de Pilatos no es más que un gran mirador de piedras, uno de tantos, pero el más conocido por las gentes de la zona. Fácil de reconocer, hemos subido, desde la carbonera, teniendo a nuestra derecha canchales y a la izquierda la caída al arroyo, cuando lleguemos a un paso estrecho, donde a la izquierda y derecha sean canchales, el de la izquierda, ese es. También  nos puede servir que desde ese punto el camino empieza a bajar.

   De donde nos encontramos dicho canchal solo mide dos, tres metros de altura, subamos a él. Tiene una vista magnifica, pero peligrosa. Desde el final de la pista que nos trajo, todo el arroyo, la presa, la junta de los arroyos. Los dos metros han pasado a ser un abismo, donde tendremos mucho cuidado de no acercarnos. Desde aquí sentados, si  hemos sido respetuosos y no hemos dado voces podremos ver la cabra montes, en los canchales de enfrente.

Descendemos del canchal y emprendemos camino abajo. La tierra que conforma el camino esta sujeta por paredes, lo cual nos da a entender que en su día estos caminos tuvieron una mayor importancia, en el tránsito y abastecimiento de pastores, carboneros y frailes.

   Nuestra siguiente parada, a poco de dejar el Balcón de Pilatos, son unas ruinas, que nos salen al camino. Unas paredes que desafían el paso de los años, y que están aquí desde al menos 500 años. En el Catastro de la Ensenada de la Villa de Herguijuela de la Sierra de 1752, se puede leer, “A la treinta y nueve respondieron que en el término de esta villa hay un convento o santuario con la advocación  del Niño de Belén Orden de S. Basilio” Por otra parte, se cree, que los conventos existentes por la sierra, son fruto del descubrimiento en 1434 de la imagen de la Virgen de la Peña de Francia, por lo que vamos a creer que es de esa  época.

   Está asentado sobre un risco que sale del mismo arroyo. Tiene varias dependencias claramente diferenciadas por sus paredes de piedra. Por la superficie que ocupa puede dar la sensación de que fue una edificación de planta baja, parecida a las edificaciones de la comarca cercana de las Hurdes. Paredes de piedra y barro, altura no superior a dos metros y medio, en su parte más alta, rematadas con tejado de lanchas a un solo agua. Por otro lado pensamos no es acertado del todo pues en la Iglesia Parroquial de Herguijuela, hay un San Antonio de piedra que ronda el metro de altura y un Santo Cristo cuya cruz anda por  los dos metros. Con estas medidas nos hace pensar, que al menos lo que seria la capilla pasará de los cuatro metros. Creemos firmemente y no deja de ser una opinión, en la proporcionalidad de las medidas en aquellos tiempos.




   Visto el convento tomamos el camino, y regresamos a la pista, habiendo tomado un buen trago de agua, a la sombra de los alisos en el arroyo. Regresamos por el mismo camino con la sensación de haber estado en un lugar apenas conocido por las gentes del lugar y poco más. Un sitio que creo, es el corazón de la sierra y su lugar más bonito.
 
  



 

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